Orfebre zapoteco resiste para que la joyería artística no se extinga

Con las manos crea arte y su buen corazón lo conserva y promueve. Cándido Santiago Esteva cultiva la filigrana y la joyería en Oaxaca y sus diseños son distribuidos...
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Con las manos crea arte y su buen corazón lo conserva y promueve. Cándido Santiago Esteva cultiva la filigrana y la joyería en Oaxaca y sus diseños son distribuidos en los ámbitos nacional e internacional.

Hace desde un arete hasta modelos complejos y tiene clientes de todas partes de la República, entre ellos el artista Francisco Toledo y su hija Natalia, además de la familia Harp Helú.

La principal virtud de Cándido Santiago es que elabora diseños a gran detalle, un reto, por lo que siempre está en constante aprendizaje desde hace 28 años, cuando se inició en el oficio de orfebre.

La mejor enseñanza la obtuvo de su padre y su tío, a los nueve años de edad; hoy, a sus 37 años, resiste para que la joyería y la filigrana no mueran como se han extinguido otras artesanías en su estado natal, Oaxaca.

Ya nadie elige ser joyero

De origen zapoteco, Cándido Santiago comienza el ritual de sus obras desde el hogar; ahí montó un pequeño taller donde crea joyas con sus herramientas: pinzas diminutas y soplete. Para él no hay imposibles, pues los diseños o ideas de sus clientes por más complicados que sean los convierte en joyas: aretes y dijes de figura de pescado, camarón hasta en forma de bat de beisbol, pieza que recientemente entregó a la familia Harp Helú.

Al orfebre le gustan los retos, por lo que todos los diseños de su autoría poseen un toque complicado. En la actualidad elabora un collar al que ha dedicado muchas horas y está por concluir.

En su taller crea accesorios de oro, plata y cobre; a veces piezas únicas y otras en serie. Diario dedica de seis a ocho horas a este oficio.

La nostalgia invade al artesano, quien reflexiona y señala que el arte de la filigrana y la joyería va en decadencia porque los jóvenes de ahora prefieren otros oficios, como ‘‘arreglar teléfonos celulares o computadoras” o ser ‘‘diyéi para fiestas’’ y nadie elige ser joyero, explica en entrevista con La Jornada.

‘‘Muchas personas dejaron de usar el oro en el istmo de Tehuantepec, llegaron las casas de empeño y la inseguridad; ahora trabajamos plata y cobre; sin embargo, para esto el material es más caro que el trabajo, es mal pagado. Entonces, sí no se le pone amor, este quehacer no funciona”.

Aunque en ese oficio no hay descanso, Cándido Santiago toma cursos; el qué más lo ha impresionado fue el del Centro de Artes de San Agustín (CaSa), impartido por Damián Pineda, de Torreón, Coahuila. Otras veces ha sido invitado para compartir sus conocimientos lo cual le ha gustado porque su máximo anhelo es que el arte de la joyería y filigrana no mueran.

‘‘Quien elija este oficio no tendrá descanso; todos los días amanezco pensando en lo que me falta elaborar, el trabajo es intenso, pero lo mejor es seguir aprendiendo, pues diariamente hay nuevos encargos y diseños; el que ama este oficio, nunca lo deja.”

Montar una exposición

En cada diseño Cándido Santiago comparte su sentir, sus días alegres y felices; recuerda que el estado de ánimo tiene mucho que ver con los resultados finales por eso cada que comienza a trabajar lo hace de buen humor, porque si no lo está, prefiere tomar un respiro, salir al patio y recomenzar.

Hacer joyería y filigrana es caro y poco valorado, se invierte mucho tiempo y los clientes no lo reconocen; sin embargo, Cándido lo hace con mucho amor, tiene creaciones exclusivas, y lo mejor, mucha creatividad. ‘‘Hago piezas a detalle y laboriosas; eso me gusta más, el trabajo con amor se logra, con este arte de la joyería nunca termino de aprender, al contrario, todos los días me sorprenden los nuevos diseños; entonces, todo esto es un reto y compromiso que me gustan, y del cual mis clientes me enseñan diariamente”.

Entre los sueños de Cándido Santiago está montar una exposición de sus obras, donde sus diseños sean apreciados en una galería de arte con la única finalidad de valorizar y conservar el oficio de la joyería que, reconoce, va en declive y cuyo valor es urgente recobrar.




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