“Trato de segunda” a niños indígenas durante concierto enoja a músicos y maestros de Oaxaca

El músico y compositor Natanael Lorenzo Hernández, director del Instituto Cultural Calmécac, criticó el trato indigno que la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas le dio...
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El músico y compositor Natanael Lorenzo Hernández, director del Instituto Cultural Calmécac, criticó el trato indigno que la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas le dio a mil 350 niños, niñas y adolescentes indígenas que participaron en el gran concierto monumental de bandas de viento.

“Los maestros debemos tener los güevos para decir no a las autoridades, y evitar así exponer a nuestras bandas a un trato de segunda”.

A través de su cuenta de Facebook, Natanael Lorenzo no sólo cuestionó a las autoridades por el trato indigno, sino también a los padres y maestros músicos, porque “no se trata de la media torta, de la salsa de huevo o la playerita (que les dieron por participar en el evento) por llevarlos a un minuto de fama”. De lo que se trata, dijo, “es de tener dignidad en tu pedagogía musical”.

El pasado viernes 9 se realizó en el Auditorio Guelaguetza la 11 edición del concierto monumental, con más de 48 bandas de música y cerca de mil 300 participantes, entre niños, niñas y jóvenes.

La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) destinó 3.5 millones de pesos a la delegación estatal, a cargo de Amable Cecilia Cruz Lozano, para gastos de hospedaje, alimentación, transporte y el escenario.

Sin embargo, el atropello a integrantes de las bandas indígenas trascendió a las redes sociales cuando los músicos José Luis Hernández y Natanael Lorenzo cuestionaron el trato “indigno” por parte de la CDI, que les ofreció medias tortas (bolillos partidos a la mitad, embarrados con frijol molido y salsa de huevo) antes del concierto para alrededor de 12 mil personas.

En un video difundido en Facebook, el director del Instituto Cultural Calmécac subraya: “Todos hablan del macro concierto, medias tortas, salsa de huevo, este tema es de dignidad profesional. Es un tema no fácil de tocar. Los maestros de música pareciera que nos estamos haciendo las víctimas.

“¡Ay! es que nos dieron medias tortas, o salsa de huevo. Ya van varios conciertos, ya sabemos que el CDI da salsa de huevo y medias tortas. Aquí los maestros que educamos jóvenes y niños tenemos que decir no, no queremos que vayan mis alumnos en esas condiciones. Como maestros debemos decir a las autoridades que no. ¿Sabes qué? No podemos exponer a nuestra banda a un trato de segunda”.

De igual manera, recordó que en una ocasión fue a un viaje a la Ciudad de México para dar tres conciertos y en el hotel había bufet, pero a mis músicos les dieron jamón con huevo. “Dije: no, van a comer como músicos y no como personas de segunda”.

Prosiguió: “Entiendo, maestros y compañeros, entiendo que es bonito el minuto de fama, ver un auditorio lleno, pero ¿por qué exponer a tus alumnos a algo tan humillante? Porque van a estrenar su obra, qué bueno, pero ¿qué pasa? Sobajan al compositor y al músico con media torta. Media torta la hacemos en la casa, una playerita la compramos, y que conozcan (los músicos) la ciudad, podemos hacer una coperacha y pasearlos (…) no queremos caer en la auto victimización.

“¿Que esperan? Denles pan y circo, porque a pan sólo les dieron media torta. Maestros, dejen de victimizarse y enfrenten a las autoridades y a los padres. La CDI es una institución de nosotros. Nadie puede condicionar con instrumentos o presionarlos”.

Luego lanzó: “De pendejo a culero, prefiero ser culero. Prefiero eso porque es una cuestión de dignidad profesional, yo educo niños y jóvenes”.

Y remató: “Carajo, ves estas publicaciones con playeritas y salsa de huevo ¿Por qué traer a un niño en estas condiciones? Si Seculta, si Gobernación quieren traer nuestra cultura, nuestro arte, nuestra música, que paguen lo que cuesten. No regateen sus obras, no estén con temores de que me van a correr. Ya cambiamos de siglo, ya todo está cambiando. De verdad que duele ver que les hayan dado eso de comer. Los maestros debemos tener los güevos para decir: mi alumno no va en esas condiciones, no me voy a aprovechar de su ingenuidad por conocer la ciudad. Esto de verdad es humillante, pero no solo señalemos a las instituciones, veamos qué estamos haciendo mal”.




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